Preguntas Frecuentes Saunas

El funcionamiento varía según el tipo de sauna y tratamiento que elijamos. Las saunas finlandesas desprenden calor seco mediante un sistema de leña o una estufa eléctrica con piedras calientes. Las saunas de Infrarrojos en cambio no generan humedad ni vapor. El calor penetra en nuestra piel, a través de una resistencia eléctrica que emite rayos infrarrojos.

Y el baño turco, sin embargo, se caracteriza por su emanar calor con un alto nivel de humedad procedente del vapor de agua. La sauna es conocida por los contrastes de temperatura. Es decir, a la sesión de calor le sigue una de enfriamiento con el objetivo de ampliar los efectos de la sudoración. Se toma con fines higiénicos, relajantes y terapéuticos.

Los beneficios saludables de la sauna son infinitos: alivia la tensión física y mental, reduce el estrés, el cansancio, el dolor óseo, mejora la circulación sanguínea, el estado de ánimo, los problemas respiratorios, el aspecto de la piel y el rendimiento deportivo.

Además, aumenta la recuperación muscular y el transporte de oxígeno celular cuando se hace deporte. Sin embargo, el uso de la sauna estaría contraindicada en personas con problemas cardiovasculares, embarazadas, hipertensión, hepatitis, enfermedades inflamatorias, insuficiencia renal, venosa, epilepsia.

En cualquier caso consulta siempre antes con tu médico.

Depende. Por lo general con una sesión de 15 ó 20 minutos es suficiente. De hecho, está comprobado que la recuperación muscular tras un entrenamiento y los beneficios de la sauna resultan mucho más efectivos en sesiones cortas.

Pero si lo que quieres es disfrutar de sesiones más largas (1 ó 2 horas, por ejemplo) debe realizarse en tres fases de 15 minutos cada una, intercalando descansos y duchas antes de volver a entrar. Durante la primera fase no se deben exceder los 15 minutos de permanencia en cabina. En cuanto se empiece a sentir cansancio se recomienda interrumpir la sesión de sauna y descansar al menos 20 minutos.

Para poder notar los efectos positivos de la sauna es importante seguir algunas normas de uso básicas antes de entrar:

Tomar una ducha previa para que la piel transpire mejor, beber agua para hidratarse, evitar el alcohol, no comer en exceso para no tener problemas de digestión, acceder al interior sólo con una toalla para protegernos del calor, no poner cremas, lociones ni tampoco joyas, ya que el metal puede producir quemaduras y no sobrepasar los 20 minutos por sesión.

Sí, sin duda.

Antes de hacer ejercicio: la sauna ayuda a mejorar el rendimiento deportivo, sobre todo el de tipo aeróbico porque el calor retrasa la fatiga y potencia el nivel de energía corporal.

Después de la sauna: se ha comprobado en deportistas de alto rendimiento que la sauna influye positivamente en los procesos de recuperación muscular tras permanecer 15 minutos en su interior. La razón es que las altas temperaturas, favorecen el aumento del flujo sanguíneo y el transporte de oxígeno celular hacia el tejido muscular.

Sí, aunque la sauna y el jacuzzi no son lo mismo y tampoco es necesario utilizar ambas en una misma sesión, lo cierto es que suelen ir unidas ya que las dos favorecen la eliminación de estrés. Por tanto, sí. Se pueden utilizar ambas, si queremos disfrutar de una doble sesión de relajación y si las utilizamos correctamente. Los beneficios que aporta una buena sesión de spa a nuestra salud son infinitos.

Sí, pero siempre contando con buenos profesionales.

Una sauna es una cabina o cabaña de madera que se puede fabricar a medida. Además, el tamaño se puede adaptars a las necesidades, optimizando el espacio de cada hogar. Tan solo se requiere tener en cuenta los siguientes factores antes de instalarla: De cuánto espacio disponemos, elegir siempre el rincón de la casa más acogedor y tranquilo, colocarla cerca de un enchufe, es preferible tener acceso a una ventana o puerta con vistas al exterior para relajarse aún más, que esté construida con materiales naturales (madera de pino, abeto…) que absorben mejor el calor y contar con los equipamientos adecuados y necesarios (estufas, cuadro de control de temperatura y humedad, bancos, piedras, quemadores, cazos, aromas…)

Aunque los dos tipos de sauna resultan muy positivos para nuestra salud, lo cierto es que el sistema utilizado para calentar dicho espacio y sus efectos son muy diferentes: saunas finlandesas o de calor seco: el habitáculo se calienta mediante un sistema de leña o una estufa eléctrica con piedras calientes que desprenden y expanden un calor seco. La temperatura suele estar entre 70 y 100 grados. Se recomienda permanecer dentro unos 15 minutos, máximo 25.

Saunas de Infrarrojos: el calor procede de una resistencia eléctrica que emite rayos infrarrojos y que penetra directamente en nuestros tejidos. Sin humedad, ni vapor. La temperatura alcanzada a través de las lámparas infrarrojas oscila entre los 35 y 50 grados. El tiempo de exposición recomendado está entre unos 30 y 45 minutos en total.

Ambos sistemas de calor son muy positivos para nuestra salud y recomendados para eliminar el estrés. Sin embargo, difieren en los siguientes aspectos: El tipo de calor. El baño turco ofrece un calor húmedo generado con vapor de agua mientras que la sauna finlandesa proporciona un calor seco. La temperatura.

Dentro de una sauna finlandesa, la temperatura oscila entre los 80° a 100° grados en un entorno seco y sin humedad. Sin embargo, en un baño turco, a pesar de que la temperatura sea menor, entre 50 y 70 grados, debido a la humedad del ambiente el espacio puede alcanzar hasta los 100 grados. La forma de generar calor también es diferente. En las saunas tradicionales la fuente de calor llega a través de una estufa, que calienta rocas volcánicas, leña o mediante placas infrarrojas.

En cambio, el baño turco cuenta con un dispositivo que hierve agua, lo convierte en vapor y finalmente lo libera por el aire. Respecto al mobiliario, las saunas son de madera mientras que los baños turcos están recubiertos de azulejos. También los beneficios saludables son diferentes.

Así que, según las necesidades que tengamos en cada momento será preferible utilizar una u otra.

Debido a que acumula un alto nivel de humedad necesita de una limpieza profunda de forma periódica. Para hacerlo bien es importante sacar cada 15 días todos los componentes y accesorios del interior para barrer y a aspirar la suciedad artificial, fregar y eliminar las manchas de sudoración adheridas a paredes, bancos y suelo con agua templada y lejía perfumada, enjuagar con agua, jabón y la ayuda de una manguera, desinfectar bien el resto de la instalación, en especial, las zonas de ventilación para que el aire se renueve, revisar, sustituir y mantener quemadores, piedras, calentadores eléctricos y para finalizar aromatizar el ambiente con fragancias de eucalipto, menta o cítricos, una vez terminada la labor de limpieza y desinfección del habitáculo.

Limpia y desinfecta la sauna cada 15 días, sustituye las piedras de la sauna al menos una vez al año. De esta manera garantizamos que el calentador funcione correctamente y que se evite su sobrecalentamiento. Calienta la sauna a la potencia adecuada, se considera una temperatura correcta cuando la sauna alcanza en su interior entre 65 y 80 grados centígrados.

Dosifica la cantidad de agua correcta en el calefactor. Se recomienda que la cantidad de agua vertida sobre las no exceda los 0´2 litros y que se haga sólo cuando las piedras estén completamente calientes. Y, por último, elige los materiales de montaje y mantenimiento correctos.

Incluso selecciona bien las piezas de recambio en caso de avería, es un factor fundamental a tener en cuenta si queremos asegurar el buen funcionamiento de nuestra sauna.